lunes, 29 de agosto de 2011

 Hipnos se escondió en sus palabras para que su madre no las pudiera descifrar después de esa primera y última vez que traspasó más allá de la portada y desembocó en la amenaza de volver con Érebo, al que anhelaba, pero ella era a quien unía su alma.

La elección fue clara... Nix. Sabía que era un pilar en su vida, pero gracias a esos gritos arrastrando ultimátum empezó a atesorar sus pensamientos en su mala memoria a corto plazo a fin de que éstos no volvieran a estar expuestos en una hoja de papel que pudiese generar otra situación similar.

Se daba cuenta de cómo el hecho de tapar sus sentimientos con secretos escondidos en cada silencio entre palabras y la sujeción del cuerpo no eran suficientes para expresar las sensaciones, esos pequeños detalles que le susurraban desde lo más ínfimo de la materia que rodeaba a los acontecimientos pero igualmente la memoria era imperfecta y esos momentos iban cayendo como granos de arena al fosco lado del olvido.

No fue hasta un momento que llegó un libro a sus manos... un libro de secretos, de oscuridad de luna,  de fuego con ternura y lamentos en ritmo de quien luego se convertiría en uno de los grandes literatos-amores de su vida que descubrió que podía hacerlo en un lenguaje oculto con el que se comunicaba cuando apenas tenía conocimiento de manera inconsciente producto de cuentos con cierto ritmo como Rin-Rin Renacuajo o tantas horas escuchando la vitrola... el verso o, lo que en su ignorancia llamaba, el lenguaje musical (a esas edades no se conocía ni la métrica ni los recursos literarios, nada más que el propio ritmo de los sentimientos).

Sí... a esa edad podía entender que se podían ocultar palabras en otras palabras así que se aventuró con papeles que luego rompía y tiraba; después, en cuadernos que escondía pero -a diferencia del principio- el hecho de plasmar lo que inicialmente era un desahogo y una lluvia de recuerdos, aunque depués de ser llenados los volviese a tirar, hacía que la percepción de la belleza, de esas sensaciones que se escapaban en un principio, fuesen -esta vez- marcados con fuego en su cabeza y recordar a la perfección, por ejemplo, lo cálido de una lágrima a escondidas en un cuerpo destemplado por un septiembre trágico del 98.

Quisiera o no, esta vez eran los rostros los que se iban difuminando así que su recuerdo se formó en un compás de momentos puntuales al azar pero más que por un hecho en concreto por lo que éstos suscitaban en su cuerpo...

Prisoner
Misha Gordin
A medida que pasan los días tu imagen se va perdiendo... empezaron a esfumarse los hechos aunque seguían los detalles; alguno que otro fue desapareciendo pero sentí que las sensaciones se escapaban de mis manos como la hiel se la lleva el aire.


Conforme va pasando el minutero prosiguen los detalles, esos que aun con mi olvidadiza cabeza quería mantener por una vez, esos detalles tan atesorados en mis recuerdos, pero ahora el tacto de tu cara, el sabor tus labios, lo cálido en tu aliento...esos ya no los recuerdo pero igual es que quiero ahogarlos en la minúscula cajita roja en inquidad, cajita en la que se encerró cada migaja de la parte que te tocaba en mi corazón, con un códice de palabras suficientes para temer que el tiempo se pierda y no deje más que rastros de recuerdos sin ternura, sin pasión...

3 comentarios:

No.me.pises.que.llevo.chanclas. dijo...

Como siempre... ¡¡magnífico!!
un beso!

Gatopardo dijo...

Misha Gordin es uno de mis fotógrafos favoritos.

Andsha dijo...

Como siempre... gracias por tu comentario y que te haya gustado XD

Y de los míos Gatopardo... pero no tengo mucho donde elegir ya que de fotografía pocos nombres conozco pero Misha es... me encanta su obra... sobre todo Doubt, Shadows y Shout aunque Shadows me puede... captan de una manera la tragedia humana, la expresividad de las caras, del cuerpo, de los elementos con su propio significado claro, nada de sutilezas que pone la piel de gallina y el hecho que no haya usado nada digital... no me lo creí cuando lo leí.